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lunes, 17 de noviembre de 2008

Esperanzas en Brasil, la pobreza disminuye casi un veinte por ciento


Brasil, con una población de 180 millones de habitantes, cuenta aún con 42,6 millones de pobres. Pero el número de brasileños en la miseria se redujo un 19,18% entre el 2003 y el 2005, periodo que corresponde a los tres primeros años de Gobierno del presidente Lula da Silva, según las cifras presentadas por la Fundación Getulio Vargas (FGV), a partir de los estudios de Investigación Nacional de Muestras de Domicilios y divulgados por el Instituto Brasileño de Geografia y Estatística.
A pesar de que la miseria está disminuyendo en Brasil desde 1993, cuando el Plan Real acabó con la inflación de tres cifras que sufría el país, todavía uno de cada cuatro ciudadanos vive en la pobreza con una renta familiar inferior a 121 reales al mes (unos 40 euros).
El índice de pobreza que se alcanzó en 2003, con un 28,2%, disminuyó a un 22,77% durante el Gobierno de Lula. En estos cuatro años de Gobierno, la pobreza disminuyó un 5,1%, exactamente como en los primeros cuatro años de su antecesor Fernando Henrique Cardoso.
Si con Cardoso, la bajada de los índices de pobreza se debió al Plan Real que acabó con la inflación galopante que arrasaba las economías de los brasileños, con Lula este descenso se ha debido a su política asistencialista, puesta de manifiesto con la Bolsa Familia (un subsidio de 30 euros mensuales para que las familias lleven a sus hijos a la escuela) y con un pequeño aumento del salario mínimo de los trabajadores.
Brasil es aún hoy el país con mayor desigualdad social del mundo, con un abismo entre el 10% de los ricos que tienen la mayoría del poder adquisitivo y los pobres a los que Lula había prometido tres comidas al día durante su Gobierno.
Según los analistas, esos 42 millones de pobres sólo saldrán de esta situación con políticas sociales más radicales de distribución de renta a través de la educación y el empleo.

martes, 11 de noviembre de 2008

Reducir la pobreza: ¿Tarea difícil?


Las economías de América Latina y el Caribe han recuperado gran parte del terreno perdido durante los años ochenta y se encuentran en una posición más sólida gracias a las reformas estructurales llevadas a cabo. Sin embargo, en los umbrales del próximo milenio vemos que muchos de los arraigados problemas históricos que enfrenta la región están aún por resolverse. Quizá una de las tareas más apremiantes que tendrán que abordar nuestras sociedades sea la reducción significativa de los elevados niveles de pobreza que se observan en la región, que se originan en gran medida en la desigual distribución de los ingresos y los activos.Este informe se propone colocar el tema de la pobreza en términos de lo que sabemos acerca de ella, y de lo que podemos hacer para eliminarla. Enmarcar estos temas no es una tarea fácil. Nuestra falta de conocimientos sobre la situación social de los pobres es abismal, y por lo general las prácticas y políticas que se recomiendan no se han probado en el terreno. En su búsqueda de políticas que permitan confrontar la pobreza, la experiencia del Banco demuestra que con frecuencia el proceso de diseño, preparación y ejecución de los proyectos es tan importante como su resultado. La mayor participación de la comunidad, el diálogo efectivo con todos los sectores de la sociedad y procesos más abiertos y transparentes son elementos esenciales para lograr que los proyectos del Banco tengan un impacto sostenido sobre el desarrollo.En la búsqueda de los medios más eficaces para enfrentar la pobreza, el Banco continúa definiendo más claramente el objetivo de su financiamiento. A mediados de los años setenta, la agricultura y el desarrollo urbano fueron los principales sectores a los que se dirigió este esfuerzo, en los años ochenta el Banco contribuyó a cerrar la brecha de financiación creada por la crisis de la deuda; y a principios de los noventa ha asumido el liderazgo en cuanto al respaldo a los programas de reforma económica encarados por los países miembros. En la actualidad el Banco está prestando más atención a la reducción de la pobreza que en cualquier otro momento de su historia. Los préstamos para los sectores sociales han alcanzado niveles sin precedentes; la diversidad de iniciativas para reducir la pobreza es cada vez mayor, y en sus operaciones crediticias, el Banco cuenta ahora con mecanismos internos para promover los intereses de las mujeres, los niños, los grupos indígenas y otras minorías.